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Soy una perra mestiza. No creo en las razas, si en las especies. Y en las especias...porque yo soy especial.

viernes, 13 de febrero de 2009

La espera


El tiempo, lo que pasa,

es que se toma, a veces,

mucho tiempo.

domingo, 8 de febrero de 2009

... si la dicha es buena




En la estación de trenes siempre hay alguien que no es de aquí.

Lo sé porque camina como si quisiera pasar desapercibido. Con una seguridad impropia del que se siente en territorio particular. Ni mira, ni contempla. Ni se fija en horarios o anuncios. Para imprimir confianza. Para imprimirse confianza. En la mayoría de las ocasiones coge un taxi, si es que se ha bajado de un tren de medio o largo recorrido. Si es un cercanías, es que viene a trabajar o estudiar. Rara vez se coge el tren para visitar una ciudad y pasearla. A no ser que sea extranjero, que no es el caso. Porque los extranjeros no necesitan decir que son de fuera. Lo son a todas luces. Y a todas sombras.

A la hora de llegar, si hay que esperar, se hace el interesante. Suele llevar periódico o libro para distraerse. O para que nadie le distraiga. Otros se embullen en su burbuja musical aderezada por unos auriculares minúsculos que les desconectan de cualquier otra manifestación de vida que aparezca en su entorno inmediato. 

Yo prefiero dormir. Sentarme y dormir. Como si de una abdución se tratara. No hay nada que me lo impida. Nada que no sea ir cerrando los ojos poco a poco y dejarme atrapar por el sopor placentero que debe sentir el niño mientras su madre le acaricia la mano en la cuna. Los párpados se vuelven de plomo y las conversaciones de los alrededores comienzan a cobrar vida en forma de letras primero, de colores que se mueven, imágenes después que van trenzando historias inconclusas. Las que se dan por sabidas. Las que nunca conocerás el desenlace por bajarse en la próxima parada. O por superar la fase REM. O porque no es lo suficientemente atrayente para que tu cerebro - el mío - le eleve a la categoría de sueño. En cualquier caso me duermo. Y como un resorte automático del mundo, abro los ojos antes de llegar a mi destino. Miro alrededor comprobando que nadie me observa, es seguro que he dado alguna que otra cabezada, incluso temo que hasta un ronquido. La desviación del tabique nasal, aunque imperceptible a simple vista, es lo que tiene, y me yergo en mi asiento alargando el cuello. Si, verdaderamente somos capsulitas herméticas. 

En la estación de trenes siempre hay alguien que no es de aquí. Tiene miedo de llegar tarde y tener que esperar ante la indiferencia de quienes le rodean. O volverse a su historia un día más. Para volver a correr y no perderlo de nuevo.

En la estación de trenes siempre hay alguien que no es de aquí. Yo soy la que sueña, la que imagina historias. Yo soy la que duerme.

viernes, 6 de febrero de 2009

Historia de un letrero

Hermosísimo vídeo para reflexionar.

martes, 3 de febrero de 2009

¿?¿?¿?


Sirvo para un roto y un descosido.

¿Para cuándo un traje de alta costura?

domingo, 1 de febrero de 2009

De algodón y de espuma



Rondaría los siete años. Probablemente menos. Mi hermano acababa de nacer. Era más grande que los muñecos con los que jugaba por eso me era tan difícil poderlo coger entre mis brazos. Además se movía y solo lloraba para engancharse a la teta de mi madre. Yo le observaba chupar y desbordarse de leche por la nariz. Fue entonces cuando me enseñaron una foto mía de pequeña. Porque yo no recordaba haber sido semejante trozo de carne con ojos que solo sabía mamar y dormir.
Y me vi en blanco y negro repantingada en un sillón con los ojos abiertos de par en par. Una cara de ángel, no por bella o singular, por lo que me recordaba a las pinturas de las iglesias, a las imágenes de las iglesias, así de ensimismada. Así de feliz y satisfecha. Así de regordeta y pelo alborotado. Así de simple.
Fue entonces, creo recordar, que durante el verano me dediqué a soñar que podía vivir en una nube. Ellos podían. Los ángeles. Me tumbaba boca arriba en el jardín y, además de componer figuras con ellas, me imaginaba saltando de una en otra. Porque eran de algodón. O de espuma. Y yo también podía. Entonces veía el mundo desde arriba. Mi mundo. Solo mi perro sabía donde estaba porque me ladraba de vez en cuando para avisarme de la presencia de algún entrometido. Bajaba y hacía como la que no estaba. Como la que nunca había estado. Solo nosotros conocíamos el secreto. Solo yo podía ver a todos desde lo alto. El niño bajo la sombra de los pinos pataleando al viento. Mi madre regando con la manguera empapando la tierra y las hormigas que salían despavoridas. Mi padre recostado unos minutos como si no estuviera dormido. Dormido.
En mis viajes sobre el limbo, porque nadie había dicho todavía que no existiera, llegué a alcanzar tal técnica y destreza que ya no necesitaba un césped o una nube concreta en la que posarme. No tenía siquiera que cerrar los ojos para que el algodón hecho de espuma fresca me arropara. Para hacerme acompañar de quien quisiera.
Si te veo y no te miro. Si te oigo y no te escucho, ládrame como si fueras un perro para avisarme de la presencia de algún entrometido.

jueves, 29 de enero de 2009

El Reino de la Carne Mechá


Su nombre es Rafa.

Regenta junto a su cuñada Inma un bar en la Plaza de las Angustias de Jerez. Pero no os dejeis llevar por ese nombre porque de "angustias" allí, ninguna.

No es el bar más hermoso del mundo. No es el sitio más tranquilo del planeta. Pero puedo aseguraros que sus anfitriones, ambos, desprenden ese don especial de atraer a las personas. ¿Es la eficacia de Inma y de Rafa? ¿Es el trato personalizado? ¿Es el sabor maravilloso de sus tapas y raciones?

Es todo eso y más. Allí, al entrar, una se siente especial, única.

Allí y no en otro sitio, esta misma mañana, los blogueros Vivir y El Capitán Escarlata hemos decidido crear el Reino de la Carne Mechá...

¿Alguien se apunta?

lunes, 26 de enero de 2009


La deliciosa Arwen del Universo de Arwen, me ha propuesto hacer un meme . ¿Que qué es un meme? Pues soy nueva en estas movidas, pero parece ser que va de esto: os dejo aquí las normas y las personas que les regalo el meme:

Normas del premio:

1. Crear un tag/ling de la persona que te ha indicado el meme.


3.Confesar 7 cosas extrañas/raras/diferentes sobre ti y tu personalidad en el blog.

4. Crear un tag/ling a 7 personas invitándolas a participar del meme.

5. Avisar a los 7 afortunados que han sido invitados por medio de un comentario.










Y allá voy con las confesiones, yo que aprendí a eludirlas con el consabido: Padre me acuso de haberme enfadado con mi hermano, de no haber hecho caso a mi madre y no haber hecho la tarea. "Reza tres avemarías y un padrenuestro. Vete y no peques más".

Y eso hice, no volví y dejé de pecar....

¿Cosas raras pues?

Bueno allá voy:

1.- Yo. Si, con el paso de los años he descubierto que soy rara, en la acepción de la palabra que significa difícil de encontrar "rara avis". Me gusto tal y como soy. No tengo conflictos conmigo misma. Es lo que hay.

2.- He aprendido el lenguaje de los animales. Nos comunicamos a la perfección. Curiosamente aún no he logrado comunicarme del todo con los humanos. Con algunos humanos.

3.- Nada me gusta más que un plato de jamón y después unas cuantas cucharadas de leche condensada. Todo un homenaje para los sentidos.

4.- Me gustan los hombres de pelo en pecho. No soporto los que se depilan.

5.- Me gusta hablar. Hablar. Hablar. Hablar. Hablar. Hablar....¿si? perdona...esto...me pagan por hablar....jajjajj...

6.-No tengo criterio musical o lo tengo demasiado exquisito. Puedo disfrutar con Juanita Reina o Led Zeppelin, Nesum Dorma o la Conga de Jalisco... va y viene, caminando...Javier Ruibal o Extremoduro, Bee Gees o Rare Earth...

7.- A pesar de mis intentos, las nuevas tecnologías se me resisten...tampoco me agobio demasiado.


A fin de cuentas, creo, hoy he aprendido lo que es un MEME ¿si?

sábado, 24 de enero de 2009

Fábula del jilguero y la gaviota




Encontré su espalda apoyada en la arena. Miraba al sol con los ojos abiertos. No lo veía solo lo miraba.
Era un montículo tierno de tierra mojada. Y allí se auto complacía de lo bien que estaba todo. El calor. El frescor. El arrullo del mar. Todo era perfecto. Todo estaba hecho para él.
Pero estaba solo.
Después de haber salido de la jaula solo tenía que aprender a mover las alas para volar. Demasiado esfuerzo para su corazón acostumbrado a tener el buche siempre lleno.
Supe poco después que aquella gaviota le traía pescado fresco de su pico. Le trenzaba algas sobre sus plumas. Y el precioso jilguero engordaba y crecía sin cantar aún una sola canción. Solo de cuando en vez, al ponerse la tarde colorada, apilaba piedras a su alrededor. Al suyo. Y al de su gaviota. Como si fuera un nido. Solo como si fuera.
El mar se hizo de invierno, tras pasar la primavera de puntillas y el verano corriendo con los niños descalzos de la playa. El otoño cayó desprevenido. El frio se hizo mar y el mar invierno. Azul y gris. Y negro y blanco. Oscuro, incierto. Rayos de luz inesperados y sonoros.
El precioso jilguero no sabía cantar. A la gaviota se le agarrotaron los músculos de las alas. No quedaban ya algas ni pescados. A la orilla llegaban las maderas de los restos de un naufragio. Y conchas. Conchas, caracolas de colores y cangrejos andando hacia atrás. Mientras crecía y engordaba. Hermosa ave del paraíso reconstruida.
La gaviota oteaba el horizonte. El viento empujaba en la dirección equivocada. ¿O es que equivocaba la gaviota su manera de encararlo?
Me contaron que en la punta de sus plumas se olvidó la luna de pintar su plata. Famélica y perdida, solo encontró un montón de piedras apiladas. Una muralla.
Un águila rapaz de agudo pico la miraba a través de sus ojos amarillos.
Aprovechó la ráfaga olvidada y voló. Voló a través de la pequeña empalizada.
Encontré su espalda apoyada en la arena. El jilguero jamás vería el sol. La muerte nunca viaja en la dirección equivocada.
Moraleja: para salir de la jaula es preciso mover las alas.

viernes, 23 de enero de 2009

Hay una amiga en mi...

Hoy he podido saber que en Jerez se estan imponiendo multas, incluso cárcel, a aquellos que abandonan a los caballos a su suerte. Gentes sin escrúpulos que compra el animal y al no poder costear su mantenimiento lo abandona hasta que muere.
Aplaudo el interés de los responsables de que se cumplan nuestras leyes, pero... pero espero que la ley se aplique por igual a los que abandonan perros, gatos o cualquier otro animal.

Aquí os dejo un vídeo de mis amigos de "NO ME ABANDONES"... es precioso.

martes, 20 de enero de 2009

San Antón




Cuando nací no sabía que era perro. Poco a poco, a medida que vas creciendo en un ambiente o en otro te vas dando cuenta de tu condición. En mi caso, los que vivían a mi alrededor caminaban a dos patas mientras que yo lo hacía a cuatro. Ellos no tenían rabo, yo si. Ellos sonreían, yo lo movía cuando estaba contento. No necesito las manos para comer, mi familia incluso hace uso de unos utensilios que llaman cubiertos. He observado, cuando salimos a la calle, que no se huelen entre si y no entiendo cómo pueden llegar a conocerse, ni saber las intenciones de los otros. Respondo al nombre de Bruno. Cada uno en la manada tiene un nombre al que responder y he aprendido a saber quién es quien por ese apelativo singular y único. Cuando alguien se acerca a ellos ladro y los demás piensan que soy una amenaza cuando lo único que les estoy diciendo es que pertenezco a ese grupo y que si quieren unirse a nosotros tan solo tienen que seguir nuestras rutinas y costumbres. Los humanos no me entienden, ya he descubierto eso también. La última en llegar a casa ha sido Laura, es muy ingenua porque aún es pequeña y tiene mucho que descubrir. Ella si sabía que era perra cuando llegó, pero no se fija en bobadas como lo de andar solo con dos patas o no mover el rabo. Siempre está a la expectativa para conocer cosas nuevas. Si, se nota que es muy joven aún.
Si algo he descubierto de los animales de dos patas, de los humanos, es que en todo momento viven alerta. No solo no se huelen cuando pasean por las calles los unos y los otros, sino que es como si se esquivaran. Pienso que no quieren conocerse, ni saber las intenciones de los otros porque en realidad caminan con miedo. No saben marcar su territorio y así, con el paso del tiempo se dan cuenta que no tienen nada propio, un hogar que tenga su olor impregnado en cada rincón de su casa. Como no tienen rabo y les cuesta sonreír, andan como si le hubiesen metido un palo por el culo de tan enervados y tensos. Se preocupan por todo en lugar de ocuparse de lo suyo. No valoran recoger una pelota una y mil veces por el puro placer de empezar de nuevo en un juego infinito. Porque han olvidado jugar. En casa aún no lo han olvidado. Es frecuente verles a cuatro patas emitiendo gruñidos que simulan a los nuestros.
Cuando nacieron no sabían que eran perros.

viernes, 16 de enero de 2009

El cantor de Jerez

Se llama Ismael Jordi y es de Jerez.
Si es verdad que los angeles cantan, él lo hace como ellos.
Aquí le vemos en París en un homenaje que se le hizo a Luis Mariano. El próximo martes, jueves y sábado le podremos ver interpretando el rol de Nemorino de la ópera de Donizzetti "El elixir de amor".
Lo mejor que tiene Ismael no es su voz. Es una gran persona, comprometida con los demás, amigo de sus amigos y, a pesar de su éxito, sigue siempre siendo el mismo, es decir, él mismo.

domingo, 11 de enero de 2009

Aprendiendo a educar a las hadas...


Apenas me acordaba ya de buscar entre el musgo de los arboles, aquellos huecos donde creía que habitaban. Al mirarlos, solo veía verdor y humedad. Respiraba y era como si se me mojaran todos los poros de la piel.
No había vuelto a verlas desde aquella vez cuando… es igual, tú tampoco me creerías. No voy a insistir, aunque insistas. De nada sirve que te cuente si me miras con esa sonrisa que más bien pareciera que me estuvieses perdonando la vida. ¿Tú nunca las viste? ¿No hablaste con ellas? No, no es que no se le aparezcan a cualquiera, en realidad cualquiera puede verlas, tocarlas, hablar con ellas y soñarlas. Pero no se te ocurra intentar aprender a educarlas.
Cuando el frío arrecia y siento la necesidad de arrebujarme entre las mantas. Cerrar los ojos y esperar el cambio de escena como en las películas de amor, a veces consigo dormirme. Otras rebobino tantas veces el comienzo de la historia que quiero ver, que se me olvida como empezó todo. Erase una vez…¿o fueron dos? Me duele la memoria que se pierde. Como las llaves antes de salir de casa. Yendo y viniendo entre los bolsillos de las chaquetas.
Apenas me acordaba ya de buscar entre el musgo de los arboles, aquellos huecos donde creían que habitaban. ¿En serio no las viste? ¿De verdad que no hablaste con ellas? Si, aquella vez cuando… En la calle no hay arboles con musgo y la humedad sube grasienta por las alcantarillas. No hay montañas que subir. No, no voy a insistir, aunque insistas. Las escaleras me invitan a coger el ascensor sin siquiera mirarme en el espejo. No, no me mires así como si me estuvieses perdonando la vida porque yo no quiero estar en paz contigo. ¿Para poder dormir? Quiero seguir la guerra que empezamos no recuerdo cuando. Ni si fuiste tú o fui yo quien la comenzó. No, no quiero estar en paz contigo. Para que dejes de mirarme así. Para dejar de contarte cuentos de hadas. Para que no se te ocurra nunca aprender a educarlas.

sábado, 3 de enero de 2009

Cuando la Reina era ella.



Le gustaba el fuego. Tanto que en ocasiones se preguntaba si era posible disfrutar tanto con una destrucción dolorosa. Como la venganza. Todo se resumía a disponer bien la leña. Las llamas nunca fueron lenguas. Hadas vestidas de gasa bailando la danza de la Reina. Cuando la Reina era ella.
Y en el conjuro de la noche que protege de miradas vigilantes, se abandonaba al compás de mil sonidos imperceptibles. Los que brotan del dolor de unos troncos que resucitan del olvido. Crujiendo las entrañas poco a poco, entre el regusto del recuerdo y la autocomplacencia. Sonidos que acompañan como mariposas revoloteando suavemente alrededor de los hombros. Como un abrazo. Como un roce en el pelo con la punta de los dedos. Así, así cerraba los ojos y sentía el calor entrando desde el cuello hasta el ombligo. Acariciando cada hueco por llenar. Subiendo por detrás de las orejas y mesándole la frente. Rozando la nariz con su nariz. Pronunciando palabras para evitar el beso. Para prolongarlo antes de nacer. Para avivarlo antes de morir.
Le gustaba el fuego. Igual que el agua. Jamás podrían pasear cogidos de la mano. Condenados a mirarse de frente. Condenados a contarse secretos al oído. A susurrar para no despertar a nadie. A vivir en mundos paralelos donde un espejo en medio nos vuelve del revés y nadie lo remedia. Con las costuras hacia fuera y los bolsillos vacíos y arrugados.
Así, mientras la música avanzaba colocándose impasible en su segundo plano, maldecía las nubes que una noche decidieron llorar por ella. Al viento que arrastró sin compasión el grito que nacía de su garganta. Para hacerlo vagar sobre la playa en las noches de tormenta. Para que nadie lo escuche. Para que choque una y otra vez con los cristales rotos que desbrozan la madrugada convirtiéndola en mañana. Mañana de escozor en los ojos ante la dominante luz del sol. Sin merecer la pena. Mereciendo la pena como los eslabones de la bola que arrastra su fantasma de cabecera. El que le cuenta cuentos para que se duerma. Para dejar de soñar. Arrastrándose juntos para componer el embozo de la cama recién hecha. Y abandonarse al compás de mil sonidos imperceptibles. Los que brotan de una sábana de algodón. Envolviendo poco a poco los sentidos hasta evanescerlos mientras se mezclan con el humo que huye de la chimenea.
Condenados a contarse secretos al oído.

viernes, 2 de enero de 2009

¡FELIZ 2.009!

¡GRACIAS POR SEGUIR AHÍ!

domingo, 21 de diciembre de 2008

...y me tocó la lotería...

Estoy aquí sin más. Con el deseo irrefrenable de escribir y escribir. Quizá queriendo contar alguna historia con final feliz, algo que me revuelve los adentros y que no acierto a averiguar qué fuerza extraña me impide sacar fuera. Será porque no encuentro nada que tenga final feliz. No, lo cierto es que no tengo nada con final. Toda mi vida ha sido un continuo comenzarlo todo y no acabar nada.
Nada no, tampoco hay que dramatizar. Porque había cosas terminadas mucho antes de comenzar. Existían como en un mundo paralelo, fuera de la realidad. Es solo que la realidad se confundía y no sabía si vivía en una pesadilla o mis sueños eran mi verdadera vida. Sueños que, por otra parte nunca he llegado a entender aunque se manifiesten con la nitidez de una película en pantalla grande de cine. Y a color.
Es que siempre fui muy peliculera. Ser un personaje ajeno a los uniformes de colegio. Tan oscuros y rígidos como la educación que tratan de imponer sin dar explicaciones. Me señalaban por preguntar constantemente “por qué”. Ajena, la mayoría de las veces a lo que ocurría a mí alrededor. Porque mi mundo era mucho más rico y emocionante que el del resto de mis congéneres. Me sentía tan especial como esa joya arqueológica tantas veces buscada con poderes sobrenaturales para quien tuviera la suerte de encontrarme. Un talismán en las manos adecuadas. Así lo sentía y así lo transmitía con mis manos, mis ojos o bailando.
Nos podrán prohibir que nos veamos. Nos podrán prohibir que hablemos. Pero nadie va a prohibirme que te quiera – dije en una ocasión sorprendiéndome de mi propia madurez siendo aún tan joven. Y descubrí en aquel preciso instante que era libre. Yo elegía a quien querer. Lo que pasa es que esas cosas se olvidan si no se practican.

Aquel verano. No, todavía quedaba un año para el último verano.
Seguía teniendo mi bicicleta. Mis piernas todavía respondían a las cuestas caprichosas. Mi pelo aún se regocijaba con las bajadas avivadas por el impulso de creer que estás volando.
Quedaba en el aire aún el primer beso. La primera canción.

sábado, 20 de diciembre de 2008

domingo, 14 de diciembre de 2008

Chinchetas en los zapatos


Caminaba como si tuviera chinquetas en los zapatos. ¡Deprisa, deprisa cochero, que no llego! Pero siempre iba a pie, sentía que si se movía por su propio motor probablemente no llegara antes, pero llegaría a su destino. Ese que sabía estaba en alguna parte. Porque había leído tantos cuentos que llegó a creerse que los sueños se hacen realidad.
La vida empieza justo cuando descubres que tienes que sacarle el bajo de los dobladillos a los pantalones. En el preciso momento en el que aprendes que la noche es algo más que el momento del día para dormir. Cuando has escrito un poema de amor y una canción desesperada.
En un instante ocurren tantas cosas que no merece la pena correr tanto. Pero eso lo descubres al ver el autobús como dobla la esquina sin esperarte. Y te das cuenta que de nada sirve el zapatazo de coraje que acabas de dar en el suelo porque no lo has visto, pero había un charco bien grande, y, a fin de cuentas tendrás que ir andando con el frío subiéndote por la pantorrilla desde la punta de tu dedo gordo.
Suele ocurrir que por el camino encuentras gente que va en coche y no te lleva. Que saluda y no se para a hablar contigo. Otros cambian de acera. Dices “qué más da” y sigues avanzando. Otro deja una mancha de aceite allí por donde tienes que pisar, mientras derrapa por tu lado a toda velocidad en su motocicleta, sin darte tiempo a reaccionar. Resbalas pero no llegas a caerte. Es como una danza imposible de tus piernas en perfecta descoordinación con el resto de tu cuerpo. Pero no llegas a caerte. Y el corazón como un reloj acelerado te recuerda, cual Conejo Blanco, que vas tarde.
La vida empieza justo cuando dejan de importante los dobladillos de los pantalones. Cuando deseas con todas tus fuerzas que llegue la noche más pronto que cualquier día de invierno. Cuando solo escribes canciones desesperadas por escribir un poema de amor.
Cuando llegas ya no sabes qué hora es. Tienes el pelo mojado y el alma chorreando. Sin embargo te das cuenta que al otro lado alguien te mira a través de la lluvia y te sonríe como si siempre hubiera estado allí esperándote con el paraguas en la mano.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Preguntas


Alguna vez, me pregunto, ¿no se te ha pasado por la cabeza pensar que no perteneces a este mundo? Y no como Jesucristo “Mi Reino no es de este mundo”. Sino que está aquí, en este mismo planeta que llamamos Tierra. Vamos que no me estoy refiriendo a un más allá de nuestras mentes diminutas, fluyendo por espacios de otras dimensiones. Algo más práctico. Que no perteneces al común del entorno en el que vives y no porque ellos sean raros, porque la rara soy yo. Que cuando me visto de domingo es que me planto la camiseta más vieja que tengo. Que cuando quiero ver un buen espectáculo me largo a la playa a ver las olas ir y venir como si siempre fuera lo mismo pero nunca es igual.
Alguna vez, me pregunto si no se te ha pasado por la cabeza pensar que si no fuera por el dinero no te levantarías cada día por obligación y lo harías solo por el puro placer de saborear un nuevo día. Y mirar a tu alrededor como si no te importara, como que no te importa en realidad si sube la gasolina, o baja el precio de los pisos, como si Hacienda te hubiera devuelto céntimo a céntimo todo lo que te ha retenido en tantos años trabajados.
Alguna vez, me pregunto , ¿no se te a pasado por la cabeza pensar que tienes algo que hacer antes de morirte? Y no lo de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Mejor escribir un hijo, tener un árbol y plantar un libro. Escribir con las manos una nueva vida que no se haga preguntas y sepa dirigir sus pasos, a su modo y manera, con alegría y sin resentimientos. Tener un árbol bajo el que cobijarte los días de calor, sobre el que subirte para sentirte tan alta como la luna. Plantar un libro que no te reconoce y darle carpetazo.
Alguna vez me pregunto si no se te ha pasado por la cabeza pensar. Solo pensar. Y dejar de pensar para actuar.

martes, 9 de diciembre de 2008