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Soy una perra mestiza. No creo en las razas, si en las especies. Y en las especias...porque yo soy especial.

viernes, 4 de junio de 2010

La siesta


La habitación estaba fresca, quizá porque la abuela se encargaba de mantener en penumbra aquella estancia para preservarla de los rigores del verano. Tenía las persianas de madera bajadas hasta el fondo de la ventana, lo que daba un tono azulado al entorno que invitaba a dormitar.
La cama amplia de sábanas limpias y frescas con el cabecero dorado y ese cuadro de San Antonio con el Niño Jesús en brazos presidiendo la escena.
Fuera, un patio ajardinado con jazmines y un limonero probablemente primo hermano del de los recuerdos del poeta, aunque no había huerto. Sí un grifo adosado a la pared, para llenar la regadera, un grifo que siempre goteaba y susurraba bajito al atardecer.
La siesta era un regalo para las niñas buenas que habían tomado toda la comida sin rechistar.
La siesta era la antesala del parque y los helados.
La siesta era la casa de la abuela, los primos, el verano…

26 comentarios:

Alfonso dijo...

La siesta es mi vida, sin ella muero.

P.D. Estoy sin coche, me levanto todos los días a las cinco y media de la mañana y tengo que ir andando a la estación de RENFE. Media ahora cuesta arriba. Y luego de vuelta. Llego a las cuatro de la tarde. Me he quedado sin colesterol.
Pero mi siesta que no me la quiten jj si no, literalmente, me muero.

Liliana G. dijo...

¡¡Qué bonito, Lauri!! Tu relato me llevó a mi propia niñez, mis veranos en casa de mis abuelos, en un pueblito lejano...
Mi abuela no tenía jazmines pero recuerdo el color de los "conejitos", esas pequeñas flores que poblaban el porche, y la nube de mariposas que se me prendían en el pelo.
La hora de la siesta era hermosa. Ah, y también mi abuela bajaba las persianas hasta el fondo :)

¡Mil gracias, dulzura! Me hiciste volver al pasado.

Un beso gigantísimo, y buen finde para las dos :)

Moncho López dijo...

Nunca pude dormir la siesta. Para mi era una tortura la sobremesa, tirado en el suelo, bajo la cama, sin poder hacer ruido. Era como si el calor, el aire y los sonidos se estancaran, como si tuviera que contener la respiración hasta que el mundo volviese a andar. Hasta que me aficioné a la lectura y empecé a soñar en las tardes de verano, pero de otra manera.
Ciao.

Arantza G. dijo...

Creo que en las zonas más cálidas se acostumbra la siesta. Por aquí pocos son los que la hacen.
Sse tiene que estar tana agustito...
Besos

Rodrigo Malaventura dijo...

... La felicidad.

Gestos recordando mi niñez variados.

Laura dijo...

Alfonso, es que deberían declarar la siesta como Bien de Interés Cultural lo menos...

Laura dijo...

Liliana, frente a la casa de mi abuela había un campo repleto de margaritas silvestres, tan altas, tan altas que de muy pequeñita me cubrían...
Es precioso poder tener recuerdos felices de la infancia.
Un beso enorme.

Laura dijo...

Moncho, pues yo siempre hijo, creo que me lo pide el cuerpo tanto como el comer, el respirar...jajjaj... eso si,la lectura yo la cogí de madrugada...

Laura dijo...

Si, Arantza, creo que la siesta es más propia del sur que del norte, lo que pasa que yo me la llevo puesta vaya donde vaya...jjajaj

Laura dijo...

Pues si Don Rodrigo, la felicidad...

capitanlio dijo...

Para mi la siesta es recuerdo de una colchoneta azul,en una guardería de Tamaraceite, y unos niños llorando por miedo a la penumbra en la que nos obligavan a estar ,que pena que en esos tiempos, yo tuviera a los abuelos ,ocupados unos con las plataneras, y otros en Sevilla.
Creo que por eso odio la siesta

Laura dijo...

Capitanlio, es curioso cómo nos puede gustar algo u odiarlo según el recuerdo que tengamos de nuestra infancia...

capitanlio dijo...

Amiga , lo curioso eran los pellizcos que nos daban esas mojas si no nos dormíamos, les tengo un cariño a las monjas que ni te digo,
soy ambidextro gracias a sus sutiles cuidados, pues yo de nacimiento soy surdo

galvezmila dijo...

es mi envidia, porque no tengo tiempo para ella, asi que disfrutala mientras pueda

yoyoyo dijo...

Estoy deseando que llegue el 1 de de julio, no trabajar por la tarde y sestear. Aunque sea a la sombra del aire acondicionado. No todos tenemos la suerte de tener esas otras siestas tan bucólicas. Besosss

Laura dijo...

Capitanlio, es que algunas hacían verdaderas barbaridades...
Pero no todas, no me gusta generalizar...

Laura dijo...

galvezmila, ya no son como las de casa de la abuela... esos tiempos ya no vuelven...

Laura dijo...

yoyoyo, lo dicho, esas siestas, como las oscuras golondrinas de Becker que aprendieron nuestros nombres, esas, esas no volverán....

eva dijo...

que recuerdos todos los primos en verano en casa de mi abuela y nos echábamos las siestas, un besito

Laura dijo...

Eva, qué pena que se vayan las abuelas y abuelos...

Liliana G. dijo...

¡¡Hola amorosa!! :)

Pasé a saludarte, a dejarte besos y cariños multiplicados y para acompañarte en estos últimos días ;)

¡¡Besotes!!

Nerina Thomas dijo...

Es importante la misma, aunque ea corta. Renueva,alimenta la paz , se aquieta la mente,se sueña a veces.
Hay que disfrutarla.
Besos bella!!!

Nerina Thomas dijo...

A....me encantó el comentario de Moncho!!!!un divino!!!jaaaaaaaaaa

carmen rosa dijo...

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Gracias, un abrazo.

Mónica dijo...

Me ha gustado mucho volver y leer tus entradas de verano. A mi de pequeña me castigaban con la siesta, huía a casa de mi mejor amiga y alli también habia siesta, teníamos que escondernos para jugar mientras buscábamos algun flash en el congelador. besitos y feliz siesta

Laura dijo...

¡Los polos-flash! ¡Qué recuerdooosss!